miércoles, 8 de agosto de 2012

Los nuevos valores y deberes del periodismo en la era digital

Tomado de Revista electrónica animal Político

Gumersindo Lafuente, director adjunto del diario español El País, habla de la relevancia que toman las redes sociales en el periodismo y ese gran canal que abre entre la audiencia y el medio

Luis Castrillón


Con el impacto de Internet en los medios de información, lo que para algunos es un temor debe entenderse más bien como la oportunidad de reivindicar el periodismo y hacerlo necesario en forma permanente en un ecosistema comunicación donde cualquier que esté conectado puede producir, gestionar y propagar datos.

De ahí que también sea importante regresar a los valores básicos del periodismo como escuchar a la audiencia que dejó de ser pasiva y ahora pude incidir en la agenda de temas y convertirse en una estructura de control social de los medios, asegura Gumersindo Lafuente, adjunto al Director del periódico español El País.

Con más de 12 años en el periodismo en Internet, pasando también por ElMundo.es, y Soitu.es, para Lafuente es claro que un periodista enfrenta riesgos en ese entorno, como el exceso de credibilidad en lo que circula por la red de información. En eso incluso es contundente: “Creerse a pie juntillas lo que está en Internet o en Twitter o en Facebook es de una inocencia que no es precisamente el atributo que debería tener un periodista”.

En una charla con Animal Político, no falta el análisis de la discusión central para muchos en el tema: si el periodismo sobrevivirá entre la superabundancia de información y la posibilidad de los ciudadanos de convertirse en informadores.

“Yo creo que no sólo va a sobrevivir. Va a mejorar su compromiso con los lectores, con la sociedad. La potencia de Internet va poder ayudarnos a hacer eso”, afirma Lafuente.

La red puede ser una fuerte herramienta como bien social, por eso el periodismo puede utilizarla para cumplir su función, su deber básico.

GL.- Claro, el sentido clásico del periodismo era ejercer la intermediación entre los poderes y los ciudadanos; lleva, de alguna forma, por delegación, un control a los mismos poderes. Pero hemos visto que probablemente en todos los países, no sólo en España o México, no todos los medios y no todos los periodistas cumplían esa misión. Muy al contrario, estando están más cerca del poder que de la gente.

Creo que este nuevo escenario digital ofrece a los ciudadanos herramientas de control social también del trabajo de los periodistas. Eso nos obliga a replantearnos el compromiso que probablemente no todos, pero sí algunos y en algunas ocasiones, habíamos olvidado.

Cómo que se nos había perdido la agenda, nos olvidamos de los ciudadanos. Se volvió más importante si tal político o empresario nos lee, si la competencia nos lee.

GL.- Claro, porque el ciudadano era un sujeto pasivo y ahora, con el acceso por parte de cualquier persona a la posibilidad no sólo de leer, sino de publicar y de influir, tiene posibilidades de que su voz sea escuchada, de hacer un control real de los periódicos y de los periodistas.

Eso nos plantea problemas dos sentidos: los que tienen que ver con cómo se establece el negocio y además aquellos retos desde el punto de vista profesional. Ahora de ninguna manera podemos ignorar a las audiencias. Eso no significa que tenemos que hacer lo que la gente nos diga, pero sí tenemos que escuchar lo que nos quiere decir…

Tenemos que darles ese espacio, finalmente

GL.- Efectivamente. Tenemos, de alguna forma en la sociedad, una situación privilegiada. Corremos riesgos, y especialmente en un país como México es lamentablemente así en determinadas zonas, pero también estamos protegidos por algunas leyes específicas para ejercer nuestro trabajo, porque se supone que es una labor que tiene una parte de servicio público. Yo creo que esa parte probablemente se había olvidado y este nuevo ecosistema tecnológico nos lo recuerda todo el rato. No podemos olvidarlo ya más.

Pero con los cambios podemos estar frente a la computadora revisando los cajones de comentarios de una nota y también se pude volver un poco abrumador.

GL.- No se trata de estar charlando con todo el mundo, pero sí de admitir que entre la audiencia hay personas que sobre asuntos determinados pueden llegar a saber mucho más que los medios y los periodistas y que nos pueden ayudar a mejorar la construcción de nuestras historias, a ser más rigurosos. Nos podrían corregir errores, pero también darnos pistas para que cubramos nuevos caminos que completen las historias que estamos contando.

Eso solo lo podemos hacer leyendo los comentarios de las noticias, pero también persiguiendo su rastro: la vida que las noticias tienen fuera de los medios, porque viven en las redes sociales. En ese entramado que es Internet, que es muy extenso y en el que las noticias son recomendadas, criticadas, matizadas o alabadas…

Esas críticas o comentarios son parte de un diálogo social que también puede irse a enjuiciamientos, como ocurre con los que se han hecho en México sobre la forma en la que algunos corporativos de medios informativos manejaron el tema electoral.

GL.- Los periodistas profesionales que trabajamos en medios privados, ni nos podemos engañar ni tampoco a la gente. Detrás de las grandes corporaciones hay intereses económicos y también posiciones ideológicas. Los medios no son neutros, pueden intentarlo haciendo bien su trabajo ser neutrales. Pero muchos ni tan siquiera lo son, ni quieren serlo. Lo importante es que las audiencias estén al tanto de en qué posición está ese medio, qué intereses están detrás, para poder tener claro a lo que se arriesga consumiéndolo. Y eso no en todos los mercados está claro.

Otra de las ventajas entonces de esta nueva tecnología es que dio a los ciudadanos la posibilidad de tener más claridad sobre eso, aunque el medio no lo exponga abiertamente.

GL.-Yo creo que ahora mismo el control social que se puede hacer es enorme, por la cantidad de información que los medios están obligados a dar; pero no sólo los medios, cualquier empresa tiene cada vez más una obligación de transparencia y compromiso que no tenía antes. Están sometidas al escrutinio constante de sus clientes.

Cierto, pero por otra parte hay un efecto cuyo impacto no queda tan claro para el periodismo en el manejo del social media y tiene que ver con cómo utilizamos la información que está ahí. El último reporte de la Fundación Nieman para el Periodismo, en Harvard, señala algo que parece preocupante: quienes estamos en los medios de información “hemos puesto de nuevo de moda la verificación como una práctica y valor de los periodistas”. ¿Es que habíamos dejado de hacerlo entonces?

GL.- Claro esa es la conclusión, porque ahora hay que revisar más, verificar la información, porque cualquier error que cometamos va a ser expuesto inmediatamente por el lector, que también está deseando encontrarlos.

En realidad, lo que ocurre no es nuevo, los periódicos, sobre todo cuando informan de asuntos relacionados con la ciencia, la tecnología, legislación, cosas muy específicas, se enfrentan a lectores que saben más de esas historias.

O que estuvieron ahí, donde ocurrió el hecho…

GL.- Hay personas que son testigos directos o que han tenido, con razón de su cargo o posición, conocimiento cercano de determinados datos que confirman o no la información… además ahora la gente puede ponerse en contacto directo con el periodista y cuestionarlo, y esperar a que le conteste, y si no le contesta, ahí mismo se sabe. Eso hace que efectivamente muchos periodistas tengan la necesidad de verificar más y mejor las cosas que publican. Bienvenido sea eso.

Pero finalmente es algo que se supone siempre debíamos hacer. ¿En qué momento nos perdimos?

GL.- Pues en ese mundo donde los periódicos formaban parte de un oligopolio, tenían un campo muy extenso en el que podían hacer muchas cosas que ahora no pueden. Además, ahora, los periodistas tenemos la obligación de reivindicar la necesidad de nuestro oficio. De pronto hay una legión de gente que hace cosas parecidas a las que nosotros hacemos; y las hacen bien. No todos, pero algunos sí, y no trabajan en un medio, no son periodistas, ni lo quieren ser…

Y como decimos en el gremio: no tienen los contactos, ni la experiencia o la metodología…

GL.- Ni les hace falta. Hay algunos que lo hacen bien y que nos hacen la competencia en algunos campos. Eso nos obliga a reivindicar la necesidad del periodista. Eso solo puede hacerse con que nuestro trabajo sea útil, relevante, necesario.

Es el gran tema…

GL.- Lo que pasa es que en los grandes medios y entre muchos periodistas ha habido mucha soberbia y pérdida de contacto con la realidad. Es normal cuando se está en un gran medio y se labora, sobre todo, en el periodismo político o económico. Al final los políticos y los grandes empresarios tienen muchas herramientas para seducir al periodista y las saben emplear.

No siempre se necesita darles dinero en efectivo, los cuidan, los consienten, o les dan información exclusiva.

GL.- Pero no es el hecho material –lo que seduce- sino el poder acceder a determinados sitios y círculos, conversar con determinadas personas. Eso va situando al periodista en un nivel de vida que no le corresponde por su nivel de sueldo, y claro, perder eso cuando te has acostumbrado es duro y es un enredo muy fuerte. Son pequeñas corruptelas.

Cuando dices ser necesario, pienso en este formato donde la inmediatez nos gana por dar el dato básico, la nota, pero perdemos el contexto, el fondo y la capacidad de volvernos necesarios porque podemos explicar parte de la realidad a quien muchas veces no está tan cerca del fenómeno.

GL.- Es verdad que Internet nos trae la posibilidad de informar en tiempo real todo lo que ocurre y de una manera que es accesible en prácticamente cualquier lugar del mundo en forma simultánea. A los periodistas que ambicionamos a contar con una inmediatez radical cualquier cosa, nos coloca en una situación que a veces es un poco peligrosa, porque la velocidad puede aumentar la falta de rigor. Yo soy partidario de llegar cinco minutos más tarde, de no equivocarme nunca o mucho menos que la competencia.

Debemos aprovechar que Internet es tan poderoso para contar una historia de ultimísima hora, como también una muy profunda. La red no tiene espacio, no tiene límites, además permite usar elementos como video, foto e hiperenlaces. Es el ámbito donde mejor puedes contar una historia y por lo tanto tiene sitio para la inmediatez y también para la reflexión y para la opinión, todo depende de cómo se utilice.

Volviendo a la discusión del futuro de los medios tradicionales, principalmente los impresos que auguran cierres y desapariciones ¿está justificado ese temor?

GL.- El asunto es que se desmonta el ecosistema económico que ha sostenido a los medios. Los medios vivían en un oligopolio en el que no solo mandaban y decidían la agenda informativa, sino que también eran los intermediarios necesarios para la publicidad: la radio, la televisión y los periódicos impresos. Ahora eso cambia de una manera radical porque hay muchos más actores que no tienen que ver con la industria de los medios y que también son soportes publicitarios y muy eficientes.

Eso abona más a su temor…

GL.- Creo que lo que está pasando con los medios es que les ha faltado capacidad de adaptación. Comprender que el nuevo escenario no se rige en ninguno de sus elementos fundamentales por las reglas del anterior. Mientras no nos demos cuenta de eso, el futuro de los medios es muy oscuro.

El problema es que muchas veces son los dueños de los medios o los directores los que no ven esto.

GL.- Yo en julio del año 2000 dije en un sitio: mando desde aquí un mensaje a todos los editores de periódicos en España no invirtáis una peseta más en rotativas que no os van a hacer falta. Al día siguiente el consejero delegado de la empresa donde trabajaba vino muy preocupado a reclamar como había dicho eso cuando justo acababan de convencer a los inversores de comprar equipo nuevo.

Volviendo al tema de la fuerza de las redes sociales. Acabamos de pasar un proceso electoral en el que muchos nos preguntamos cuál sería el papel de ese servicio de comunicación en el proceso. Más allá de miles de bots partidistas y de cómo los partidos las usaron, sus usuarios regulares crearon una suerte de clima de opinión pública que permeó, principalmente en favor de la izquierda, pero parecería que al mismo tiempo creyeron que lo mismo ocurría afuera y su encono ha crecido con la derrota de la Alianza Progresista.

GL.- Sucede que son realidades paralelas y que en muchos casos no coinciden. Es un riesgo y que corremos además los periodistas que estamos en esas redes, pensar que lo que ocurre ahí es exactamente lo que ocurre afuera de las mismas, cuando representan más bien una parte de la realidad.

Creo que lo que ocurre en Internet no es virtual, cada vez es más real, pero sólo una parte de la realidad, lógicamente. Como pensar que lo que ocurre en las grandes capitales es extrapolable al ámbito rural.

La gente que está en Twitter, tanto en México como en España, se representa a sí misma, no al resto de cada país. ¿Es influyente? Sí lo es; ¿puede mover corrientes de opinión?, claro que sí; ¿puede desde ahí organizarse movilizaciones para expresar descontento? Sí.
Pero pretender que el plebiscito de Twitter se traslade al resultado de unas elecciones es no saber cómo funciona esto, es saber muy poco, una simpleza. Alguien con un mínimo de capacidad intelectual no puede hacerlo.

Pero en algunos sectores, incluso periodísticos, en México parecieron quedarse casados con la idea de que lo que ocurría en Twitter era toda la realidad.

Si sólo el 30 por ciento de la población mexicana tiene acceso de alguna manera cotidiana a Internet, eso te define una representatividad. Probablemente ese 30 por ciento tiene un cierto nivel socioeconómico que le hace liderar la opinión, pero luego la gente va a votar por lo que quiere, o bueno, también puede que no sea así…pero habría que investigarlo.

Sería muy insensato de mi parte opinar sobre eso –el proceso electoral- porque no he estado aquí, lo desconozco, pero es verdad que pretender hacer una traslación de las mayorías de Twitter a las mayorías electorales es absolutamente ridículo. No tiene ningún sentido.

Ya tenemos problemas con la demoscopia, con las encuestas que supuestamente tienen un valor científico, como para fiarnos. Las redes son un indicador de corrientes de opinión, una herramienta de agitación social, pero no sustentan un plebiscito válido de ninguna manera.

Pero son un espacio que puede ser tomado para medir tendencias de cosas que pueden convertirse en historias…

GL.- Sí y además justo por todo eso los periodistas somos lo que más tenemos que desconfiar de todo esto, en un sentido positivo. A los periodistas se nos ha supuesto siempre una capacidad para analizar la calidad de las fuentes, de la información que vamos a transmitirle a la gente, de los datos que nos da una persona que sabemos y tenemos en cuenta porque nos las en cierto momento, a nosotros y qué le impulsa a darnos esa información. Siempre debe haber algo que nos debe hacer reflexionar por qué vamos a publicar eso.

Creerse a pie juntillas lo que está en Internet o en Twitter o en Facebook es de una inocencia que no es precisamente el atributo que debería tener un periodista.

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